Barcelona vive en calma la víspera de la tormenta

Texto de Leyre Flamarique

Menos de una decena de personas acudían a la manifestación convocada en la plaza de Sant Jaume por los Comités de Defensa de la República (CDR) con la intención de cortar la Via Laietana. La escasa capacidad de movilización puede entenderse como la expresión de que una semana en que se preveía un viernes con grandes protestas, llega al supuesto punto álgido con los ánimos muy calmados. Barcelona ha vivido en relativa calma la víspera de la tormenta. Ha sido una semana de “desinflamación”, de acuerdos, de llamadas a la no violencia. Una semana en que se ha visto el apoyo de los grupos independentistas al Gobierno de Sánchez en el proceso de aprobación de los presupuestos, en la que se ha celebrado una reunión entre Gobierno y Generalitat (con entrevista entre ambos presidentes) y que culmina con la desconvocatoria de la huelga de hambre de los políticos encarcelados.

La certidumbre de que se iban a registrar actos que podían colapsar la ciudad ha dejado paso a la duda de qué va a ocurrir el día en que el Consejo de Ministros se reunirá en Barcelona. Las previsiones apuntaban a paralizar la actividad ciudadana y dado que el objetivo de las movilizaciones era el centro de la ciudad, el turismo y los comercios podían ser dos de los sectores más afectados.

Los comerciantes se quejan de las escasas indicaciones que han recibido por parte de la Guardia Urbana o los Mossos d’Esquadra. Esther Sánchez y Marta Obón, dependientas de una de las zapaterías de Via Laietana, expresan sus dudas sobre cómo reaccionar. Son conscientes de que se pretende cortar las calles y realizar concentraciones en torno a la Llotja de Mar. Muchos comerciantes se muestran cansados de que La Via Laietana sea el punto recurrente para reivindicaciones. Es el caso de Ahmad Shahzad, dueño de un supermercado 24 horas. “Estoy harto porque siempre cortan la calle por todo”, se queja. Esther Sánchez se siente desamparada. “Hay manifestaciones y todo el mundo expresa su opinión pero, ¿y los comercios qué?”, protesta.

Hay incertidumbre en los comercios respecto a qué deben hacer. A Shahzad nadie le ha dicho si es prudente abrir al público o no. Y Juan Rangel, camarero en un restaurante, teme las consecuencias para el negocio: “Puede afectar para bien o para mal”. Según Rangel, la concentración de personas en una manifestación produce un incremento en el consumo en los bares.

Los turistas que pasan estas fechas en Barcelona no tenían constancia de las jornadas. Andrés De Brigard, un viajero colombiano, se enteró de la situación en la capital catalana tras aterrizar. Le preocupan los desplazamientos; la misma inquietud que expresan un grupo de puertorriqueñas llegadas hace un par de días. Como medida preventiva han decidido visitar lugares no muy turísticos y hacerlo a pie.

Hoy ya nadie se atreve a afirmar que mañana se paralizará el país, como pretenden los CDR, pero comerciantes y turistas afrontan con incertidumbre una jornada en la que nadie se atreve a decir qué va a pasar.

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